martes, 22 de marzo de 2011

El dilema de las centrales nucleares

Hace unos meses, los políticos españoles debatían en el Congreso sobre la vida útil de las siete centrales nucleares del país. El conflicto nuclear sigue a la orden del día. Tras lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima, la gente tiene miedo a una explosión radioactiva que deje secuelas a la población como las ocurridas en Chernóbil.

En abril de 1986 tuvo lugar el mayor accidente nuclear de la historia, en el pueblo ucraniano de Chernóbil. Causó la mayor contaminación radioactiva hasta ese momento. El 11 de marzo de 2011, tras el terremoto y posterior tsunami que asoló Japón, se produjo la primera explosión en la central de Fukushima. En los días posteriores, le siguieron dos detonaciones más que provocó el estado crítico de dos, y el estado subcrítico de otros dos, de un total de siete reactores que forman la central.

Las explosiones nucleares provocan daños irreparables tanto en la población como en el medioambiente. La energía nuclear produce a su vez energía eléctrica, mecánica y térmica. En la sociedad tecnológica en la que vivimos todo se mueve por energía y es una hipocresía pensar que no la necesitamos para la vida diaria. Hay alternativas como la energía solar, eólica o hidráulica pero, en comparación con la nuclear, las cantidades que producen son ridículas.

No deben seguir ocurriendo estas catástrofes nucleares. Una solución sería invertir económicamente en el desarrollo de las alternativas naturales para que su rendimiento aumente. Otra es el control exhaustivo del funcionamiento de las centrales.

Bianca Ágreda

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