martes, 29 de marzo de 2011

El espectáculo de las catástrofes

Los medios de comunicación actuales se encuentran infectados por el fenómeno de hacer de todo un show. Tanto que, promovido por el virus de ganar audiencia, hasta los contenidos informativos se ven contagiados de esta enfermedad. El escándalo y el espectáculo vende y por ello, es un valor en alza para los directivos de empresas de comunicación. Lo lamentable es cuando una tragedia pasa de ser una información a un show televisivo movido por las emociones que despiertan en el público.

Los japoneses han dado a los periodistas occidentales una lección de entereza y de rigurosidad informativa. Después de la catástrofe ocurrida en el país nipón los medios occidentales se sumieron en un caos informativo bombardeando los oídos y retinas de la audiencia con noticias e imágenes de última hora. Los periodistas retransmitieron esa actualidad atropelladamente, contagiando su pavor por los acontecimientos. A veces esa exaltación de los periodistas convierte los desastres en shows donde priman las noticias funestas y desagradables que aumentan los índices de audiencia.

Mientras tanto en los periodistas japoneses no cunde el pánico, transmiten los nefastos datos de la catástrofe que ha devastado su país con una calma y seriedad ejemplares. Dicen que el motivo es que  a los nipones se les educa desde pequeños para que no muestren ni un ápice de sentimientos. Quizá sea eso, o tal vez sea que sus medios informativos todavía no están contaminados del virus del excentricismo.

Bianca Ágreda

martes, 22 de marzo de 2011

El dilema de las centrales nucleares

Hace unos meses, los políticos españoles debatían en el Congreso sobre la vida útil de las siete centrales nucleares del país. El conflicto nuclear sigue a la orden del día. Tras lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima, la gente tiene miedo a una explosión radioactiva que deje secuelas a la población como las ocurridas en Chernóbil.

En abril de 1986 tuvo lugar el mayor accidente nuclear de la historia, en el pueblo ucraniano de Chernóbil. Causó la mayor contaminación radioactiva hasta ese momento. El 11 de marzo de 2011, tras el terremoto y posterior tsunami que asoló Japón, se produjo la primera explosión en la central de Fukushima. En los días posteriores, le siguieron dos detonaciones más que provocó el estado crítico de dos, y el estado subcrítico de otros dos, de un total de siete reactores que forman la central.

Las explosiones nucleares provocan daños irreparables tanto en la población como en el medioambiente. La energía nuclear produce a su vez energía eléctrica, mecánica y térmica. En la sociedad tecnológica en la que vivimos todo se mueve por energía y es una hipocresía pensar que no la necesitamos para la vida diaria. Hay alternativas como la energía solar, eólica o hidráulica pero, en comparación con la nuclear, las cantidades que producen son ridículas.

No deben seguir ocurriendo estas catástrofes nucleares. Una solución sería invertir económicamente en el desarrollo de las alternativas naturales para que su rendimiento aumente. Otra es el control exhaustivo del funcionamiento de las centrales.

Bianca Ágreda

martes, 15 de marzo de 2011

La protección de los periodistas españoles

Los periodistas españoles, desde 1994, mantienen una incansable lucha por la defensa de sus derechos. Estos derechos deberían materializarse en un Estatuto de los Periodistas Profesionales. En 2000 se celebró en Valladolid la II Convención de Periodistas en la cual se elaboró un Proyecto de Ley sobre este Estatuto. Desde ese momento los periodistas están a la espera de que sea aprobado por el Parlamento. Todos los países vecinos de España, ya cuentan con una legislación aprobada que regule a los periodistas como es el caso de Portugal, Francia o Italia.

El Estatuto contiene los derechos del periodista profesional, tales como el acceso a vistas judiciales, acceso a las fuentes informativas o derechos de autor. En él se plasma qué se entiende por periodista profesional y los deberes que tiene con la sociedad. Todos los grupos editoriales deberán tener asignado un director, en el que caerá la responsabilidad del medio informativo al que represente. Todos los periodistas deberán contar con un carné que los acredite y que deberá ser renovado cada cierto tiempo.

Con el Estatuto se pretenden defender los derechos de los periodistas freelance, un tipo de periodistas que trabajan por cuenta propia y después venden su trabajo a los medios. El reportero de guerra, suele ser freelance, va a los conflictos sin contrato. Ningún medio se responsabiliza de los daños que pueda sufrir ese periodista. Otro caso que protege es el de los periodistas recién titulados que sufren el abuso y explotación de las empresas al realizar las prácticas. El Gobierno debería de una vez zanjar la aprobación de ese Estatuto y asegurar la protección de los periodistas españoles.

Bianca Ágreda