Los medios de comunicación actuales se encuentran infectados por el fenómeno de hacer de todo un show. Tanto que, promovido por el virus de ganar audiencia, hasta los contenidos informativos se ven contagiados de esta enfermedad. El escándalo y el espectáculo vende y por ello, es un valor en alza para los directivos de empresas de comunicación. Lo lamentable es cuando una tragedia pasa de ser una información a un show televisivo movido por las emociones que despiertan en el público.
Los japoneses han dado a los periodistas occidentales una lección de entereza y de rigurosidad informativa. Después de la catástrofe ocurrida en el país nipón los medios occidentales se sumieron en un caos informativo bombardeando los oídos y retinas de la audiencia con noticias e imágenes de última hora. Los periodistas retransmitieron esa actualidad atropelladamente, contagiando su pavor por los acontecimientos. A veces esa exaltación de los periodistas convierte los desastres en shows donde priman las noticias funestas y desagradables que aumentan los índices de audiencia.
Mientras tanto en los periodistas japoneses no cunde el pánico, transmiten los nefastos datos de la catástrofe que ha devastado su país con una calma y seriedad ejemplares. Dicen que el motivo es que a los nipones se les educa desde pequeños para que no muestren ni un ápice de sentimientos. Quizá sea eso, o tal vez sea que sus medios informativos todavía no están contaminados del virus del excentricismo.